Esta mañana ya no me acordaba cómo tocaban mis dedos esa
guitarra que era para mí tu cuerpo, ya no me acordaba lo que sentía cuando acariciaba tu pelo.
Ya no me acuerdo si tus ojos eran marrones o negros como
la noche o como el día que dejamos de vernos.
Veo
tu mirada en cada espejo
de cada ascensor donde cada noche me sube hasta el cielo de moteles invernadero, donde se jura
algo tan efímero.
Ya
no me acuerdo ni de tu risa, ni de tu prisa por darme un beso, ni qué botón de tu camisa desabrochaba primero, ni
qué rumba me bailabas cuando querías robarme el sueño.
Dicen que el
tiempo y el olvido son como hermanos gemelos que vas echando de más lo que un
día echaste de menos.
Puedes irte si quieres. Me voy a acordar de vos siempre,
es que recuerdo a todos los que me dejan.